Aunque los defensores de la industria del fracking se burlan de
cualquier indicio de que su así llamada industria vital plantee
incluso escasos riesgos para el público, un nuevo estudio publicado
en Toxicology
and Applied Pharmacology
(Toxicología
y Farmacología Aplicada)
acaba de demostrar que los críticos tienen razón: las aguas
residuales del fracking provocan cáncer.