viernes, 1 de septiembre de 2017

Harvey no llegó de la nada. Es el momento de hablar de cambio climático

Evacuees wade down a flooded section of Interstate 610 as floodwaters from Tropical Storm Harvey rise Sunday, Aug. 27, 2017, in Houston. The remnants of Hurricane Harvey sent devastating floods pouring into Houston Sunday as rising water chased thousands of people to rooftops or higher ground. (AP Photo/David J. Phillip)
Ahora es justo el momento de hablar de cambio climático y de todo el resto de injusticias sistémicas, desde la segregación racial hasta la austeridad económica, que convierten desastres como Harvey en catástrofes humanas.


(A pesar de que este blog está dedicado fundamentalmente a noticias sobre fracking y gas natural, hacemos hoy una excepción para incluir este post con la traducción de un muy interesante artículo de la periodista canadiense Naomi Klein, a raíz del huracán Harvey que ha dejado ya más de 30 muertos en EEUU.)

Si nos fijamos en la cobertura del huracán Harvey y las inundaciones de Houston oiremos que se habla mucho de que no hay precedentes en este tipo de precipitaciones; de que nadie lo vio venir y por tanto nadie puedo prepararse de manera adecuada.

De lo que oiremos muy poco es de cómo este tipo de eventos climáticos sin precedentes, record históricos, están ocurriendo con tal frecuencia que los records históricos se están convirtiendo en un tópico meteorológico. En otras palabras, no oiremos hablar mucho, si es que oímos algo, sobre cambio climático.

Esto, nos dicen, es fruto de un deseo de no ‘politizar’ una tragedia humana que se está desencadenando, lo cual es un impulso comprensible. Pero ahí está el tema: cada vez que actuamos como si un suceso climático nos golpeara de manera inesperada, como si fuera un acto divino que nadie pudo prever, los periodistas están tomando una decisión enormemente política. Es la decisión de no herir sentimientos y evitar controversia a costa de decir la verdad, aunque sea difícil. Porque la verdad es que hace mucho que científicos climáticos han predicho estos sucesos. La mayor temperatura de los océanos provoca tormentas más poderosas. Los niveles del mar más altos significan que estas tormentas alcanzan lugares que nunca antes habían alcanzado. Climas más calurosos conducen a extremos de precipitaciones: largos períodos de sequía interrumpidos por descargas masivas de nieve o lluvia, en lugar de los patrones estables más predecibles con los que la mayoría de nosotros crecimos.

Los records batidos año tras año, ya sean de sequías, oleadas de tormentas, incendios, o simplemente calor, ocurren porque la temperatura del planeta es significativamente mayor de lo que ha sido desde que se empezaron a registrar records. Cubrir eventos como Harvey ignorando esos factores, sin proporcionar a los científicos climáticos una plataforma donde ponerlos de manifiesto, a la vez que no se menciona la decisión del Presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos climáticos de parís, es un incumplimiento del deber más básico del periodismo: proporcionar hechos importantes y el contexto apropiado. Deja al público con la falsa impresión de que son desastres sin una causa fundamental, lo cual también significa que no se podía haber hecho nada para evitarlos (y que nada se puede hacer ahora para que sean mucho peores en el futuro).

Tampoco vale de nada que la cobertura de Harvey haya sido altamente política desde mucho antes de que la tormenta tocara tierra. Ha habido conversaciones interminables sobre si Trump se estaba tomando la tormenta suficientemente en serio, especulación interminable sobre si este huracán sería su ‘momento Katrina’ y un gran parte de juego político (justo) en relación a cuántos republicanos votaron en contra de las ayudas por Sandy pero ahora tienden la mano a Texas. Eso es hacer política de un desastre, es justo el tipo de política partidista que está completamente dentro de la zona de confort de los medios convencionales, políticas que eluden convenientemente la realidad de que poner los intereses de las compañías de combustibles fósiles por encima de la necesidad de control de la contaminación ha sido un asunto profundamente bipartidista.

En un mundo ideal todos seríamos capaces de dejar a un lado la política hasta que la emergencia inmediata hubiera pasado. Después, cuando todo el mundo estuviera a salvo, tendríamos un debate largo, reflexivo, público sobre las implicaciones políticas de la crisis que acabamos de presenciar. ¿Qué significaría esto para el tipo de infraestructuras que construimos? ¿Qué significaría para los tipos de energía de las que dependemos? (Una pregunta con implicaciones discordantes con la máxima sacudida a las industrias dominantes en la región: petróleo y gas). ¿Y qué nos dice la hiper-vulnerabilidad a la tormenta de los enfermos, pobres y ancianos sobre las redes de seguridad que debemos tejer, dado el futuro rocoso en el que ya nos hemos enclaustrado?

People rest while waiting to board a bus headed for San Antonio at an evacuation center in Corpus Christi, Texas on Friday, Aug. 25, 2017. Hundreds of residents of the Corpus Christi area boarded buses Friday to be transported to a shelter in San Antonio as Hurricane Harvey is expected to make landfall on the Texas coast Friday night or early Saturday morning. (Nick Wagner/Austin American-Statesman via AP)

Con miles de desplazados de sus hogares, podríamos incluso discutir los vínculos innegables entre disrupción climática y migración – del Sahel a México – y aprovechar la oportunidad para debatir sobre la necesidad de políticas de inmigración que partan de la premisa de que los EEUU son en gran medida responsables de las principales fuerzas que conducen a millones fuera de sus hogares.

Pero no vivimos en un mundo que permita ese tipo de debate serio y comedido. Vivimos en un mundo en el que las fuerzas dominantes han demostrado estar demasiado dispuestas a aprovechar la distracción de una crisis a gran escala y el mero hecho de que tantos estén concentrados en emergencias de vida o muerte, para imponer sus políticas más regresivas, políticas que nos empujan aún más a lo largo de un camino que se ha calificado con acierto como una forma de ‘apartheid climático’. Lo vimos después del huracán Katrina, cuando los republicanos no perdieron ni un minuto en impulsar un sistema de educación privado, en debilitar la regulación laboral y fiscal, en aumentar perforaciones y refinerías de gas y petróleo y en dejar la puerta abierta a compañías mercenarias como Blackwater. Mike Pence fue un arquitecto clave de aquel proyecto cargado de cinismo – y no podíamos esperar menos del despertar de Harvey, ahora que él y Trump están al mando.

Ya estamos viendo a Trump utilizando la cobertura del huracán Harvey para impulsar el controvertido indulto a Joe Arpaio, así como el incremento de militarización de las fuerzas policiales estadounidenses. Estos son movimientos especialmente inquietantes en el contexto de la noticia de que los controles de inmigración continúan funcionando en aquellos lugares donde las autopistas no se han inundado (un serio desincentivo para que los migrantes se pongan a salvo), así como en el contexto de un duro discurso de los oficiales locales acerca de sanciones máximas para los saqueadores (merece la pena recordar que después de Katrina, varios residentes afro-americanos de Nueva Orleans recibieron disparos de la policía al amparo de este tipo de retórica).

En resumen, la derecha no tardará en aprovechar Harvey, y cualquier otro desastre similar, para vender falsas soluciones desastrosas del tipo de policía militarizada, más infraestructura de petróleo y gas, y servicios privatizados; lo que significa que hay una necesidad moral de que las personas informadas e implicadas hablen sobre las causas fundamentales que están detrás de la crisis, uniendo los puntos entre contaminación climática, racismo sistémico, infra-financiación de servicios sociales y sobre-financiación de la policía.

También necesitamos aprovechar la ocasión de diseñar soluciones convergentes, que disminuyan dramáticamente las emisiones a la vez que luchen contra cualquier forma de desigualdad e injusticia (algo que hemos intentado diseñar en The Leap y que grupos como Climate Justice Alliance - Alianza por la justicia climática – llevan mucho tiempo promoviendo).

Y tiene que ocurrir justo ahora – precisamente cuando el enorme coste humano y económico de la inacción están a la luz pública. Si fracasamos, si dudamos como resultado de la idea equivocada de lo que es apropiado y lo que no lo es durante una crisis, dejamos la puerta abierta a que agentes despiadados exploten este desastre con fines predecibles y nefastos.

También es una dura realidad que la ventana para mantener estos debates es extremadamente pequeña. No vamos a tener ningún debate público sobre políticas cuando esta emergencia desaparezca; los medios volverán a su cobertura obsesiva de los tweets de Trump y otras intrigas palaciegas. Así que, aunque pueda parecer indecoroso hablar de causas fundamentales mientras las personas están aún atrapadas en sus casas, siendo realistas este es el único momento en el que hay un interés sostenido en que los medios de comunicación hablen sobre el cambio climático. Merece la pena recordar que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo climático de París – un evento que retumbará globalmente durante las próximas décadas – mereció apenas dos días de cobertura decente. Luego volvieron a centrarse en Rusia a todas horas.

Hace poco más de un año, Fort McMurray, la ciudad en el corazón del boom de las arenas bituminosas de Alberta, fue prácticamente arrasada por el fuego. Durante un tiempo, el mundo se paralizó por las imágenes de vehículos alineados en una carretera con llamas acechando por ambos lados. En aquel momento, nos dijeron que hablar de cómo el cambio climático estaba agravando incendios como este era insensible y culpabilizada a las víctimas. El mayor tabú era mostrar conexiones entre el calentamiento de nuestro planeta y la industria que alimenta Fort McMurray y daba empleo a la mayoría de los evacuados, que es un tipo particular de petróleo de alto carbono.  No era el momento correcto; era el momento de mostrar solidaridad, asistencia y ninguna pregunta difícil.

Pero por supuesto, para cuando se consideró apropiado sacar esos temas a la luz, hacía tiempo que el punto de mira de los medios de comunicación se había desplazado hacia otro lugar. Y hoy, mientras Alberta impulsa al menos tres nuevos oleoductos para satisfacer sus planes de aumentar considerablemente su producción de arenas bituminosas, prácticamente no se menciona aquel horrible incendio y las enseñanzas a las que podría haber conducido.

En eso hay una lección para Houston. La ventana para proporcionar un contexto significativo y obtener importantes conclusiones es pequeña. No podemos permitirnos apartarla.
Hablar sinceramente sobre lo que está alimentando esta era de desastres en serie – incluso cuando están ocurriendo en tiempo real – no es irrespetuoso con la gente que está en primera línea. De hecho, es la única forma de honrar verdaderamente sus pérdidas, y nuestra única esperanza de prevenir un futuro sembrado de un número incalculable de víctimas adicionales.

Traducción del artículo "HARVEY DIDN’T COME OUT OF THE BLUE. NOW IS THE TIME TO TALK ABOUT CLIMATE CHANGE." escrito por Naomi Klein y publicado en The Intercerpt el 28 de agosto de 2017. Traducido por la red de Traductoras en Acción, la red voluntaria de intérpretes y traductoras/es de Ecologistas en Acción.